Se denomina así a todo carácter de escritura que está compuesto por dos partes: una dentro de la otra.
En cada idioma existen algunas letras de este tipo.
En español, por ejemplo, las letras que cumplen con esta condición son: “A”, “B”, “D”, “O”, “P”, “Q” y “R”, y los números “4”, “6”, “8”, “9” y “0”.
Todo depende del producto que se fabrique.
Si se trata de letras impresas, no es necesario ningún tratamiento adicional.
En el caso de NAME-ME, donde se utilizan métodos de producción a través de moldes, es indispensable conectar las dos partes de la letra o del signo.
Es un trabajo que se realiza en la etapa de diseño gráfico.
La idea es unir la parte interna con la parte externa mediante un “puente”.
Ese puente debe estar cuidadosamente planificado y diseñado para que no afecte la estética ni el estilo tipográfico.
Sí, claro. Hay cifras que también están formadas por espacios interiores, como el número “8”.
El tratamiento es el mismo que con las letras cerradas.
En la tecnología de producción mediante moldes se suelen utilizar programas gráficos y de modelado 3D.
La forma del producto es la que determina qué software conviene utilizar.
El problema aparece cuando las letras son huecas o recortadas.
En esos casos, las partes internas no pueden “quedar suspendidas en el aire” y, de manera natural, se caerían.
